El cielo aún está oscuro, pero Carlos
Vásquez ya está en pie. Después de prender su antiguo radio para escuchar las
noticias y beber un jarro de café para aplacar el frío de la madrugada, baja de
su sencilla casa de madera y se dirige al corral para ordeñar sus vacas. Son
las 05:00 y sus únicos compañeros son su fiel perrita y sus dos cachorros.
Los primeros reflejos del
sol iluminan el verde paisaje rural costeño y el hombre ya ha conseguido los
más de 20 litros de leche necesarios para la elaboración del queso artesanal
que más tarde llevará al centro del cantón Salitre para venderlo a 1,70 dólares
por libra.
A kilómetros de distancia,
en el recinto El Prado, del cantón Daule, en cambio, está Guillermo Plúas,
quien -machete en mano- se dirige por un polvoriento camino rumbo a los
arrozales de su patrón a los que les dará los cuidados necesarios para obtener
una buena cosecha.
Al llegar al predio se saca
los zapatos, se recoge las bastas de los pantalones y con los pies descalzos se
introduce en el fango que le llega hasta las rodillas. Allí, Plúas, junto a un
compañero, siembra la gramínea, que es uno de los principales alimentos que se
cultiva en la costa ecuatoriana.
Por su ardua labor, que le
tomará hasta el mediodía, Plúas recibirá como paga 10 dólares. “Es duro, pero
estamos hechos para trabajar la tierra”, dice el hombre de 55 años con el
característico acento del hombre del campo del litoral.

Muy interesante conocer mucho màs a fondo las culturas y tradiciones de nuestro paìs-..
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